Festival Internacional de Cine de Sitges

Viernes, 13 de Octubre

Estados Unidos. 2006
Dirección y Guión: Neil LaBute
Intérpretes: Nicolas Cage, Ellen Burstyn

Tras recibir la carta de una madre desesperada por la desaparición de su hija, el policía Edward Malus se dirigirá a una remota isla de la costa de Washington para intentar dar con ella. Los lugareños pondrán en duda su desaparición e incluso su existencia pero lo que más intrigará a Malus será el misterioso sistema de creencias que rige la isla, un férreo matriarcado que preside con mano firme la hermana Summersisle.

Aclamado y reconocido por sus incisivos retratos de la américa contemporánea, Neil LaBute (“amigos y vecinos”, “persiguiendo a betty”) realiza con este film su primera incursión en el género y lo hace readaptando una cinta de culto en el fantástico británico.

Por desgracia, LaBute se movía con muchísima más soltura en otro tipo de lides más dramáticas, puesto que este “hombre de mimbre” resulta a la postre un film pobre, sin tensión ni demasiada intriga, con unos personajes que intentan dar mal rollo frunciendo el ceño o mirando por el rabillo del ojo, y un protagonista que, supuestamente atormentado por sus demonios interiores, va en traje de chaqueta montado en bici de un lado a otro de la isla mareando la perdiz sin demasiado tino ni sentido.

Angelo Badalamenti en la banda sonora se esfuerza por dar emoción a escenas del Cage en bicicleta con cara de estreñido, pero al final la cinta resulta un tópico típico que ni asusta, ni empata, ni entretiene por manido. Incluso resulta un tanto ridículo en su puesta en escena.

Lo Mejor: la música es bonita (por lo menos tiene melodía, no es un cúmulo de efectos sonoros que eleva su volumen con cada golpe de guión, aunque tampoco hay de eso).

Lo Peor: incluso mi adorada Ellen Burstyn (“requiem por un sueño”) sale ridícula.

Bottom Line: [0,5 frikipuntos] sosa película que no es capaz de ocultar la desgana de su realizador por el material que tiene entre manos. Un remake absolutamente innecesario. No te pega, Neil.

Alfonso Cuarón demostró definitivamente su buen oficio al hacerse cargo de la tercera entrega de la saga del niño mago, ”Harry Potter y el Prisionero de Azkaban”, convirtiéndola en un film sólido por derecho propio, enriqueciendo a los personajes, derivando de los films anteriores donde vio conveniente e incluso corrigiéndole la plana a la propia J. K. Rowling reescribiendo (y mejorando) la escena del giratiempo.
Esta vez Cuarón llega mucho, mucho más lejos, a través de este guión que co-escribe junto a Timothy J. Sexton, en base a una novela de P. D. James. El film describe un futuro cercano y casi apocalíptico en que la raza humana ha perdido por completo la fertilidad, un mundo sin niños y sin esperanza, en el que todos los gobiernos han caído bajo la fuerza de las revueltas y sólo el Reino Unido aún resiste. La acción se sitúa en este país, colapsado de inmigrantes ilegales que son encerrados y deportados en masa. Los espectadores acompañamos el viaje del personaje interpretado por Clive Owen en este entorno violento y descarnado.
El film está rodado principalmente cámara en mano, lo que le da un aire de documental de guerra. Si a eso le sumamos la larga, a veces larguísima duración de determinados planos-secuencia (de una complejidad técnica infinita), se obtiene un realismo que atrapa (si uno se deja atrapar) como ninguna película que hayamos visto antes. No estamos ante un drama o una comedia, no es un film bélico o de ciencia-ficción (aunque tenga elementos de todos estos géneros). De lo que habla es de esperanza, o de la pérdida de la esperanza, y afecta a nuestro estado de ánimo de una forma totalmente nueva: yo nunca antes me había pasado 45 minutos llorando en un cine.
Lo Mejor: Los planos-secuencia del ataque al coche y del asalto en el campo de refugiados. Unos complejísimos efectos especiales que no se notan en absoluto.
Lo Peor: Por decir algo... Que algunos “malos” de entre los Peces resulten tan evidentes, y que el papel de Julianne Moore sea tan breve.
Bottom Line: Magistral retrato de un futuro que, de tan posible, resulta palpable. 5 frikipuntos.

Al morir su hermana Christina, el Padre August se ve obligado a cuidar de Mia, su pequeña sobrina de cinco años huérfana de un modo repentino. Princess era el nombre artístico de Christina, una actriz porno de cierto éxito. August perpetrará una venganza junto con la pequeña Mia, contra aquellos que de algún modo u otro tuvieron algo que ver con la muerte de Christina.
Esta coproducción germano-danesa utiliza un estilo gráfico que recuerda vagamente al anime, aunque la calidad de animación resulta bastante nor-europea, en el peor sentido de la expresión. Ciertas partes están realizadas en imagen real (seguramente las peores del film) y en contadas ocasiones podemos disfrutar de efectos CGI que son, sin duda alguna, los de mayor plasticidad y belleza.
El argumento indaga en el mundo de la industria pornográfica, de una forma seguramente tópica y sensacionalista, pero que encaja con el punto de vista de los protagonistas, un sacerdote y una niña. A pesar del ritmo pausado, el film no se hace lento, tiene algunos golpes de humor, y hasta consigue instantes de cierta carga dramática.
Lo Mejor: El personaje de Mia, la niña de rara inocencia; y la escena del parque de los cerezos.
Lo Peor: Las escenas de imagen real.
Bottom Line: Drama de animación germano-danesa en torno al mundo del porno. 2 frikipuntos.

Reino Unido-Canadá. 2006
Dirección: Terry Gilliam
Guión: Terry Gilliam & Tony Grisoni
Intérpretes: Jodelle Ferland, Janet McTeer, Jeff Bridges

Al morir su madre de una sobredosis, la pequeña Jellyza Rose se traslada con su padre a una casa abandonada en medio de una inmensa llanura desértica.

Y de nuevo, ya está.

Esa es toda la película.

Los 119 minutos de la última locura del Gilliam tienen toda esa profundidad argumental. Eso, a su vez, es su mayor defecto y su mayor virtud.

El antiguo componente de los Monty Python nunca ha destacado porque sus películas tengan tramas elaboradísimas. Suelen ser, en el normal de los casos, excusas más o menos justificadas para que el británico loco despliegue todo su repertorio visual. Dicha naturaleza raquítica muchas veces juega en contra de él, puesto que si te plantean una situación, lo mínimo es que la desarrolles, cuando lo que le menos le interesa a Gilliam es eso.

Por ello, ”Tideland” volverá loco a sus incondicionales. Es Gilliam intravenoso. Sin un inicio-nudo-desenlace que le aten, con un punto de partida alucinógeno, unos personajes pasadísimos de rosca (Jennifer Tilly hace una breve aparición ejemplificando lo que digo) y su imaginación a tope, el film es un viaje por el imaginario surrealistico-onírico que, por otra parte, le permite el presupuesto.

No tiene reglas, no tiene compromisos. ¡No tiene casi historia, por amor de dios!

Es la locura vista como un macabro y onírico cuento de hadas a través de los ojos de una niña, que a la postre, y como dijo en la presentacíón de la cinta, no deja de ser el propio Gilliam.

Lo Mejor: Terry Gilliam al 100%. Visualmente se sale.

Lo Peor: Terry Gilliam al 100%. Saca de quicio al más pintado.

Bottom Line: si te gustó ”Miedo y Asco en las Vegas”, también del mismo director, sin duda ésta te encantará. Pero quedas advertid@, no busques historia.

La penúltima película que me faltaba por ver de la sección Anima’T (se me escapó sólo una, ”Blood Tea and Red Strings”) es un trabajo dirigido por el maestro de las marionetas Kihachiro Kawamoto que hunde profundamente sus raíces en la tradición japonesa.
En el Japón feudal, la joven noble Iratsume, que destaca por su educación y su inteligencia, vive una historia de amor con el fantasma del príncipe Otsu, que se le aparece en las puestas de sol.
Este cuento, desarrollado durante 70 minutos de animación tradicional en stop-motion, se divide en varios capítulos que narran diversas fases de la relación imposible entre Iratusme y Otsu. La estética está tomada de la historia feudal japonesa, y la música se basa en instrumentos de cuerda y percusión tradicionales. Incluso, el príncipe Otsu se expresa en haikus, recitados al estilo del teatro kabuki.
Lo Mejor: La coherencia de estilo, que puede llegar a hacernos creer que la película se hubiera hecho hace siglos.
Lo Peor: Que puede hacerse algo lenta.
Bottom Line: Cuento tradicional japonés. 2 frikipuntos.

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